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Ya vienen los quintos

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Una tradición que se repite año tras año, incluso una vez desaparecido el servicio militar, es “la noche de los quintos” que coincide con el 31 de diciembre. Ese día los chavales que cumplen la mayoría de edad, es decir los dieciocho en ese mismo año que termina, se reunen en una cena. Lo que viene después ha ido variando según los tiempos y las modas, claro.

Antiguamente tras esta reunión “inciática” los mozos rondaban las calles del pueblo “robando macetas” y colocándolas en las puertas de aquellas que eran sus novias o sus pretendidas. También solían “arramblar” con todos aquellos trastos viejos que encontraban por la calle y los colocaban en un lugar visible, generalmente en el “Puente ancho”. Me da la sensación que antiguamente con todo este material hacían una hoguera a modo de falla valenciana, en los últimos tiempos que se llevó a cabo tan singular tradición tan solo se dejaban aparentes algun toldo o aparejo de labranza, hoy día esta costumbre ya ha desparecido.

El día de Sabado Santo los quintos volvían a reunirse y se encaminaban a los sotos próximos al río Gállego. Cortaban un chopo y lo trasladaban al pueblo, plantándolo junto a la carretera, siempre en un lugar perceptible a todos. En tiempos se colgaban regalos y los mozos trepaban por el árbol para conseguir sus recompensas, el chopo se sigue haciendo hoy día, pero su plantación se ha trasladado al último día del año. He leido en un libro que se titula La rama dorada, escrito por  Ronald Fraser que esta tradición está muy extendida por Europa y que tiene un origen celta, al igual que otro festejo también desaparecido y que consistía en adornar una galera con ramajes, arbustos y guirnaldas, a la que se engarzaban unas caballerías vistosamente engalanadas, igual que la fotografía que acompaña a esta entrada y que me ha sido cedida amablemente por María Luisa Gaspar. Montados en esta carroza, los quintos volvían a rondar el pueblo acompañados de la música, recogiendo generalmente alimentos para una merienda, este acto era muy tradicional durante las Fiestas patronales y se vino celebrando hasta mediados del siglo XX, viniendo a ser un antecedente al actual desfile de carrozas y creo que se llamaba “La llega”. He oido que, en algun momento dado, los quintos eran los encargados de ejecutar el Dance durante las Fiestas y por tanto, los sufridores de los acerados dichos que les dirigía el Mayoral o el Diablo.

Otro evento, pero este revestía más oficialidad, era la talla en el Ayuntamiento. No solo era un trámite para iniciar la movilización castrense, sino también era el momento en que el consistorio aprovechaba para echar alguna reprimenda a los futuros soldados si habian tenído alguna actitud negativa en sus celebraciones. El día del sorteo también revestía cierta solemnidad y los futuros soldados madrugaban para recorrer la distancia entre Villanueva y Zaragoza andando y así enterarse que destino les había tocado en suerte. Hasta hace unos años la celebración era solamente masculina a la que se han unido, de un tiempo a esta parte, las Quintas y todavía hoy, las señoras quitan los toldos de las puertas en el atardecer del 31 por si acaso.

Como he dicho la fotografía me ha sido cedida por María Luisa Gaspar y parece ser, fue tomada a mediados de la década de los veinte del siglo pasado en el Bario Bajo de Villanueva. Obsérvese que uno de los personajes que aparece en la imagen porta en sus manos un instrumento musical parecido a una gaita o un chiflo.

Carlos Urzainqui Biel, 29 de diciembre de 2010



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