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Las Santas Reliquias de Doña Juana

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Cuenta la leyenda que las Santas Reliquias llegaron a Villanueva de Gállego gracias a la intercesión de una importante señora quien accedió a la solicitud de un sacerdote del pueblo, quien viajó a Roma con el fin de conseguir unas reliquias con que poder venerar en nuestra iglesia. Según el memorial que se conserva en la parroquia villanovense, el relicario pertenecía a Dª Juana de Córdoba Cardona y Aragón que era esposa de Don Antonio Fernandez de Córdoba y Cardona, quinto duque de Sesa, Embajador de la Corona española ante el Papa y nieto del Gran Capitán entre otras cosas.

Doña Juana era la hija mayor de Diego Fernández de Córdova, llamado “el Africano” por haber nacido en Orán y por ser gobernador de esta plaza norteafricana durante varias ocasiones. Por parte de madre descendía de un hijo de Fernando I de Aragón llamado Enrique y que fue el primer duque de Segorbe. Desconozco el grado de parentesco que tenía con su marido pero sí que se casaron en la villa de Tora (Cataluña) el 19 de Junio de 1578, llegando a tener de esta unión doce hijos. Acompañó a su esposo durante la estancia en Roma y más tarde en Valladolid, donde fue Mayordomo Mayor de la Reina Margarita. En esta ciudad falleció el duque de Sesa en 1604 tras lo cual élla se recluyó en Baena hasta su muerte en 1615, siendo en esta localidad andaluza donde está enterrado el matrimonio.

La duquesa de Segorbe (tal era el título de Doña Juana) entregó las reliquias estando en Roma en abril de 1598 al doctor «Juan Rodríguez de Villanueva, presbítero seguntino» con la condición de que «se tengan perpetuamente en pública veneración, como en la Cartuja o Monasterio de Ratisbona donde fueron veneradas». En algunos escritos se dice que seguntino es el oriundo de Sigüenza (Guadalajara), pero es posible que el documento en cuestión se refiera a Segorbe (Castellón) y que el mencionado presbítero lo fuera de esta ciudad, aunque nacido en nuestro pueblo. Ésta sería la razón por la que Juan Rodríquez tuviera la vinculación suficiente con la embajadora como para poder obtener el relicario que terminaria siendo Patron de Villanueva.

Las Santas Reliquias se encontraban primitivamente en la cartuja de San Vito, en la ciudad alemana de Ratisbona. Precisamente en esta ciudad se produjeron enfrentamientos importantes entre católicos y protestantes durante ese siglo, quizás por la negación violenta que tenían éstos hacia los restos sagrados, pues llegaron a incendiar el citado cenobio. La Orden cartujana decidió poner a salvo aquellos vestigios que consideraba divinos y trasladarlos a la cartuja de Nuestra Sra. de los Ángeles en Roma donde permanecerían hasta 1594, año en que pasaron a manos de Doña Juana. Ésta era señora jurisdiccional de Segorbe, donde poseía un administrador que cuidaba de sus rentas y administraba el señorío en su nombre y por tanto controlaba tanto la vida civil como religiosa.

Tras la Contrareforma y el Concilio de Trento, los sacerdotes católicos buscaban objetos sagrados que recordaran a los santos y mártires más venerados en su entorno, como manera de reafirmar la fe y marcar su distancia con el luteranismo. Villanueva en este sentido no iba se ser una excepción, por otra parte parece ser que en origen la finalidad de las Reliquias era velar una capilla funeraria, sin embargo su devoción en el pueblo ya era popular a principios del siglo XVII.

Carlos Urzainqui Biel, 29 de marzo de 2011.

*En la fotografía Enrique Miravete Salafranca, sacristán de Villanueva de Gállego, junto a las Santas Reliquias.



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