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San Antón y las hogueras

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Estaba pensando en escribir algo por San Antón cuando una amable lectora me animó a ello y como todos los santos tienen novena pues hay va. El 17 de enero es una fiesta muy tradicional en Villanueva, hace años en cada barrio y en muchas calles era habitual ver las hogueras, alguna de ellas impresionantes por sus dimensiones duraba varios días, como la que hacían un tío mio y sus vecinos en la calle de los Fueros. La completaban con enormes troncos que traían del monte, lo que permitía que ardiera más despacio y aguantara más tiempo. Muy cerca de allí varios críos hicimos una con cañas y restos de un campo de maíz, nos duró media hora. Algunas personas se atrevían a saltarlas, pero no recuerdo que se pusieran patatas asadas y cosas así, aunque es posible claro. No sé cuántas se quemarán en la actualidad pero la que más trasciende es la que organiza cada año el Ayuntamiento.

San Antonio Abad, más conocido por San Antón, nació a mediados del siglo III en una localidad de la región del Alto Nilo llamada Heracleopolis Magna, cerca del Delta. Cuenta la tradición que sus padres eran ricos hacendados de la zona que murieron cuando apenas él contaba 20 años. Dice la historia que poco después de este suceso escuchó unas palabras que Dios le envió: “Vende cuanto poseas y dáselo a los pobres, tendrás un tesoro en el cielo”. Antonio desde entonces vivió hasta los 105 años aislado en el desierto, primero durmiendo en un sepulcro y más tarde entre rocas, tan solo comía pan y sal. Ayudaba a otros ermitaños a sobrevivir en aquellos parajes, lo que hizo que su fama sobrepasara las dunas hasta las de otro famoso eremita llamado Pablo. Se dice que este anacoreta se alimentaba tan solo de una hogaza que le suministraba un cuervo, una vez que le visitó Antón y el pájaro apareció con dos panes en el pico en señal de hospitalidad. Al morir Pablo, Antonio lo enterró con ayuda de dos leones, por eso es patrón de los animales y de los sepultureros.

A lo largo de los 85 años de su vida en que practicó el anacoretismo Antón tuvo numerosas tentaciones pero a todas resistió. Según la iconografía cristiana el cerdito que lo acompaña simboliza el mal, pues en las culturas orientales consideraban a este animal impuro (todavía así lo ven judios y musulmanes). San Antón fue invocado en la Edad media contra los males de la peste, al igual que San Sebastián cuya festividad se celebra cada 20 de enero. Incluso existió una orden hospitalaria que apadrinaba cerdos para que éstos consumieran por las calles los restos que encontraban, llevaban como distintivo una campanilla, como la que suele adornar al que acompaña al Santo. Por tanto la intercesión a San Antón sería para que los animales no transmitieran el mal a los humanos.

San Antón también representaría el viejo tema de la lucha entre el bien que resiste y el mal representado por el cerdito. Las hogueras tendrían un significado purificador, el fuego quema los malos espíritus, significando a la vez fin y principio. Fin del año viejo y principio del año nuevo, en algunos países se celebra el cambio de año quemando lo viejo en hogueras al igual que las Fallas o las hogueras de San Juan. En cuanto a comer productos derivados del cerdo en las fogatas, también vendría a ser una especie de sortilegio.

Carlos Urzainqui Biel, día de San Sebastián de 2011



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