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Manzanete

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Se llamaba Nicolás Manzano, o al menos eso parece, pero todo el mundo lo conocía por “Manzanete”. Era el terror de los niños, Herodes a su lado podía haber instalado una guardería. Sobre su vida se había construido una tremenda leyenda en la que por no faltar, aparecía como telón de fondo hasta Millán Astray. Vivía en un humilde granero situado en las escaleras que unen las calles de Santa Catalina y Santa Teresita, de hecho a ese callejón todavía se le conoce como “las escaleras de Manzano”. El lugar más temido por los crios villanoveses entre los años cincuenta, sesenta e incluso setenta del siglo XX. Hoy día al pasar por ese lugar, todavía alguno piensa que va aparecer su figura por entre las puertas la pequeña casita transformada en peña para chavales, lo cual no deja de ser curioso.

Se contaba que fue castigado con una pena de destierro a vivir quinientos kilómetros a la redonda de su casa y que eligió Villanueva por encontrase a esa distancia Campo de Criptana, que de esa localidad manchega era originario (en realidad hay 482 Kilómetros entre los dos pueblos). Se dice que al llegar a Villanueva un agricultor le dio trabajo, comida y techo y que cuando este murió, prometió ir cada festividad de Todos los Santos a fumarse un puro delante de su tumba como señal de agradecimiento, cosa que aseguran algunos haberlo visto hacer. Se contaba que por Navidades siempre había un lujoso coche aparcado en el Puente ancho, eran sus familiares que venían a visitarle. Se rumoreaba que podía haber vivido muy bien pero no quiso saber nada de ellos. Otra historia que circulaba sobre este personaje decía haber sido cocinero del mismísimo Millán Astray, quien era su pariente y valedor.

Pero la historia de Nicolás fue mucho más sencilla que la que tejió su propia leyenda. Como he dicho en alguna otra entrada, en San Juan de Mozarrifar existió una prisión donde se concentraban todos los presos del frente republicano procedentes de Cataluña y el Bajo Aragón. Seguramente Manzano fue un combatiente republicano que iba detenido en uno de esos trenes destinado al campo de concentración de San  Juan, quizás al llegar a la estación de Villanueva vio la posibilidad de saltar del vagón y escapar, cosa que hizo. Ya en tierra se encontró con su protector a quien le pidió ayuda, éste se la prestó y así libre se convirtió en Manzanete. Seguramente por protección se inventó una historia terrible para que nadie le molestara y efectivamente, nadie le molestó o al menos eso parece.

Nicolas Manzano fue el resto de sus días una institución local, temido pero respetado. Los propios vecinos alimentaban una leyenda en la que seguramente nadie creía, pero todos contribuían a alimentarla porque todos sabían que era su refugio. Cuando le perdí el miedo hablé con él alguna vez, me pareció que era de un anticlerial radical tremento pero una gran persona, seguramente con más cultura de la que aparentaba. Solo y muy mayor, el Ayuntamiento se preocupó por enviarlo a la Casa de amparo donde falleció hace unos diez o quince años, rodeado de monjitas que también le querían pero le temían. Que malos ratos nos hiciste pasar Manzano y todo, porque tu vida fue la del exilio interior.

Carlos Urzainqui Biel, Dia de Reyes de 2010



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