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Las Santas Reliquias de los Santos

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Las primeras menciones textuales sobre las Santas Reliquias en Villanueva se remontan a principios del siglo XVII, ya por entonces se celebraban el segundo domingo de septiembre. En otro documento parroquial fechado por esa época, la festividad solía coincidir con el domingo siguiente a la festividad de San Mateo, es decir el 21 de ese mismo mes y que generalmente corresponde con el último de septiembre. No era el único día en que se exponían a la veneración popular, también se hacía por Santa Águeda (existe un resto de ella en el Relicario) y por Todos los Santos. 

Hasta mediados del siglo XIX las Santas Reliquias compartían patronazgo villanovense con Santa Ana. Mientras la fiesta correspondiente a la madre de la Virgen se sufragaba con los Bienes de Propios (tienda, molino, carnicería, horno, etc.) las Santas Reliquias se celebraban gracias a las recaudaciones provenientes del monte de la Sarda (es decir los Bienes Comunales). Tras la Desamortización de 1856 el Ayuntamiento se quedó sin Bienes Propios y por tanto sin dinero para pagar Santa Ana. Mientras que la conservación del patrimonio territorial adquiría importancia tras la segregación de Zaragoza y sobre todo con la lucha por mantener la Sarda como municipal. Por tanto, que con los beneficios de ese monte se celebraran las Fiestas mayores, pasó a ser todo un símbolo de manifestación local. Hasta hace unos años las vaquillas eran sufragadas con el dinero proveniente de las contribuciones municipales correspondientes al monte (desconozco si todavía se viene haciendo). 

En el año 1897 dos periódicos de la región “La Derecha” y “El Diario de Avisos” se hicieron eco de las Fiestas en Villanueva que se celebraron entre el 25 y el 27 de septiembre. “Dieron comienzo las fiestas con asistencia numerosísima de Zaragoza y pueblos inmediatos”. La víspera, es decir el sábado 25 a las ocho de la noche, «el sonido de la campana anunciaba la clásica hoguera en la plaza de la Constitución» (actual España) «a cuyo alrededor y merced a sus luminosos rayos de luz viva y brillante, se distinguían infinidad de seres angelicales que llenos del mayor júbilo y alegría y dejando entrever sus lindas facciones y correctísimas formas, acudían presurosas a rendir el mayor tributo posible a Terpsícore, viéndose muy pronto colmados sus deseos ante la presencia de la banda de música que no tardó mucho tiempo en dejar oír en sus notas armoniosas y al compás de sus acordes, veían se bullir multitud de parejas que llenaban la plaza en cuyo sitio, todo ha sido animación y alegría durante tres noches consecutivas». 

El “Domingo de las Fiestas” se celebró la procesión y una gran misa de terno, a cuyos actos concurrió el Ayuntamiento en pleno. El entonces párroco del pueblo Don Manuel Ropiñán, «pronunció un elocuentísimo sermón donde puso de manifiesto no solo sus grandes dotes de oratoria sagrada sino poder de convicción, por lo que dio lugar a que fuera muy elogiado por tan numerosa concurrencia a estos actos religiosos». Por la tarde a las seis, se cantó por las calles del pueblo un magnífico Rosario por la banda de música y presidido por la misma Corporación. El corresponsal menciona la especial intervención de la banda musical de Villanueva en los actos religiosos interpretando «maravillosamente la bonita misa del maestro Bordese los días 26 y 27». «La no menos linda de Amezaga ¡qué encantadoras las piezas del Ofertorio! ¡Qué solos de cornetín! en la noche del 26 durante rosario general, cantado por los músicos».

Al día siguiente (lunes 27) se celebraron a las tres de la tarde «magníficas y bien organizadas corridas de pollos, donde probaron varios aficionados en ligereza y resistencia» acompañando el espectáculo la banda de música de Villanueva la cual «una vez terminadas las corridas y en medio del mayor orden se trasladaron inmediatamente a la plaza pública, donde los aficionados a la danza pudieron solazarse hasta las siete» hora en que fue interrumpido el baile para reanudarlo nuevamente por la noche.

Llama la atención la inexistencia entre los actos de las inevitables, en la actualidad “vaquillas”. Esto es debido a que antiguamente su coste era elevado y si ese año no había sido bueno, no se podía hacer frente al gasto que suponía mantener el ganado en el pueblo. Por tanto el hecho de que hubiera o no vaquillas dependía del resultado de la actividad económica a lo largo de ese año y constituye un síntoma de que hubiera sido bueno o no.

Quisiera dar las gracias a Lorenzo Ortega Lisón a su madre y hermana, que amablemente me cedieron esta impresionante fotografía, correspondiente a la procesión de las Santas Reliquias hacia 1944. Todo un documento que merece ser publicado con ocasión de la entrada número 50 en este blog. Gracias NdV. y felices Fiestas.

Carlos Urzainqui Biel 28 de julio de 2011



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