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Miss Villanueva 1935

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Cuando entrevisté a Carmen Miravete Oñate me pareció estar hablando con la mismísima Escarlata O’Hara, quizás porque los vientos de nuestra Guerra Civil se llevaron muchos mundos como el de ella. Esta jovencita que nació en el Barrio Bajo ronda ahora los noventa años y fue Miss Villanueva de Gállego en 1935.

Me cuenta que estaban cosiendo en casa de Pilar Aranda, una señora viuda que tenía un taller de costura al lado de su casa y al que acudían unas cuantas chicas, un día llegó una de ellas y les dijo que bajaran al Ayuntamiento, porque habían venido del periódico La Voz de Aragón, para hacerles unas fotografías, que iban a salir en una revista que se llamaba Monte y Huerta.

Carmen recuerda como los fotógrafos cuchicheaban entre ellos y decidieron hacer una foto juntas a una prima suya (Julia) y a ella misma, vamos, que la cosa era entre una morena y una rubia (la rubia era Carmen).

Al terminar el pase le llamaron a un aparte y le dijeron que le habían elegido "Miss Villanueva". Se asustó y se negó en principio, dijo que su padre no lo aceptaría pero le convencieron. Otra pequeña pega fue que tenía 16 años por lo que le aumentaron la edad a 17.

El siguiente paso era presentarse a Miss Aragón. A mediados de abril de ese año le llevaron al Gran Hotel. Allí conoció a otras misses como ella. Recuerda a la de La Almunia, que acabaría siendo Miss Aragón y que se llamaba Maruja Soria, a la de Zuera, Carmen Abril, a la de Jaca, etc. Las llevaron a la Diputación, al Ayuntamiento, al Casino Mercantil, les obsequiaban con bombones, perfumes y más cosas. Recuerda que siempre le llamaban "Miss Villanueva, Miss Simpatía" y confiesa: "Me querían todas porque en mí no veían rival".

El acto fue en el Teatro Parisiana (lo que después se llamó Argensola). "Fue una cosa muy bonita, primero desfilamos las concursantes por una pasarela mientras nos llamaban, salías delante y todos te aplaudían, me acuerdo que vi a mi prima Julia y le saludé con la mano tímidamente, cosas de crías, a mi padre lo ví con corbata, cosa que me hizo mucha gracia". Después una obra de teatro en la que actuó Irene López de Heredia, "que era una artista entonces de las buenas", y un certamen de jotas, "fue una noche completa".

Les volvieron a colocar de nuevo en el escenario todas sentadas, con un hermoso ramo de flores cada una, para escuchar cual era el veredicto del jurado, favorable a la representante de La Almunia.

Luego vino la guerra y el pueblo se llenó de militares, falangistas e italianos, todavía recuerda alguna palabra. Intentó hacer teatro para animar a la gente, pero fue imposible porque se echaba a reír. Fue enfermera durante tres meses en lo que había sido "el Casino de los de abajo" donde levantaron un hospital provisional. Trabajaba en el estanco de su primo Emiliano Ortega cuando conoció al que sería su marido, que estaba con otros soldados de descanso en Villanueva. Me cuenta que cuando eran jóvenes no le gustaba que hubiera participado en un certamen de belleza pero luego, al hacerse mayores y alquien le decía: "¡Ay, que maja está usted!", él afirmaba:

-¡Fue Miss!

-¡Ahora lo dices!, contestaba ella.

Se casó a los veintidós años y se vino a vivir a Zaragoza, tuvieron un bar en el Tubo y después se trasladaron a Épila, en cuya azucarera trabajó su esposo y allí sigue Carmen, siempre solícita en la residencia donde vive.

Carlos Urzainqui, 24 de septiembre de 2010

-- Nº 12 de la Serie Villanueva.script, en exclusiva para NdV.



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